POLíTICA Y ACTUALIDAD (ER)


Los Rau, custodios del centenario sabor que endulza a toda la región



Fecha: 13/11/2017   07:46

Mariano pertenece a la cuarta generación de fabricantes de caramelos de miel artesanales, a mano los elabora, como lo hacían sus antepasados, de los que heredó una mágica y secreta receta a la que difícilmente algún paladar se resista






Hay sabores que remiten a lugares y a momentos en los que se transitó la infancia. Algunos llevan al recuerdo de las siestas calmas de los pueblos, escapando a la Solapa, con moneditas robadas abultando los bolsillos para comprar algo en el kiosco del barrio cuando los adultos descansaban; o a la casa de una abuela agasajando a la visita con alguna golosina atesorada en el monedero o en algún recipiente guardado tan alto que ni en puntas de pies podía alcanzarse.

En la zona de Diamante la niñez tiene sabor a caramelo Rau. Pero quien los ha probado alguna vez sabe que no solo conquistaron el corazón de los chicos de varias generaciones. También fueron postre para quien terminaba el plato de sopa, regalo de cumpleaños, premio para los que aprobaban las materias, compañía en los recreos, arma de seducción de pretendientes dispuestos a enamorar, remedio para los dolores de garganta, consuelo para enfermos y aliento para los melancólicos.

Hoy es Mariano Rau quien los fabrica. Su papá Dante fue el encargado de hacerlo entre 1964 y 2005, y desde entonces él se ocupa de seguir adelante con un legado familiar que se sostiene frente a los embates de la modernización que pretende automatizar todos los aspectos de la vida.

Una vez, hace varios años, alguien los convenció de comprar una máquina para manufacturarlos a escala industrial y sin tanto esfuerzo. Y debieron optar: plegarse al ritmo mercantilista, añadiendo colorantes y conservantes, o continuar con la tradición de sus ancestros. Ganó lo que les dictaba el corazón y al artefacto lo devolvieron. Mariano sigue, como lo hicieron sus antepasados desde hace más de un siglo, amasando a mano la pasta a base de miel y realizando todo el proceso de manera artesanal.

Fue en Molino Doll, en el Departamento Victoria, donde su abuelo Jorge comenzó a elaborarlos, allá por 1910. En ese lugar, donde hoy funciona un camping, había construido su casa y montado su negocio, en el que además de esta tradicional golosina también vendía panificados.

Con el tiempo se mudaron a la Ciudad Blanca, a su actual domicilio de calle Sara Romero, camino al río, adonde se llega preguntándole a cualquiera porque en Diamante todos los conocen. Allí es donde se sigue procesando la receta que había traído desde Alemania su bisabuelo Santiago, el primero de los Rau que pisó suelo argentino para establecerse y forjar un mejor porvenir. Y aunque a lo largo del tiempo hubo numerosos emprendedores que intentaron imitar el producto final, nadie pudo lograrlo. "A la fórmula del caramelo nunca se la dije a nadie fuera de mi familia", contó a UNO Dante, que hoy tiene 76 años y fue el encargado de trasmitirle el listado secreto de ingredientes a su hijo menor Mariano para que los caramelos sean perfectos para el buen paladar.

"Soy la cuarta generación de fabricantes de caramelos y actualmente sigo con la producción. Lo único que hemos modificado en más de 100 años fue el envoltorio, que lo mejoramos", confió el actual custodio del legado familiar, quien cada mañana se levanta a las 5 y comienza a preparar la mezcla que al calor del fuego intenso empieza a tomar forma y a endulzar con su aroma el aire.

La temperatura de la pasta color ámbar alcanza casi los 300°. No lleva colorantes ni conservantes. A mano se estira la preparación y se le da forma. Luego, una vez fría y a pura fuerza de cuchillo, se la corta con precisión para que cada caramelo quede de tamaño similar, cosa que solo es posible con la práctica. Y a Mariano le sobra entrenamiento: desde los 5 años fue aprendiendo el arte culinario que con amor le fueron enseñando.

Uno a uno los envuelve y los envasa en paquetes de cuarto kilo o de 450 gramos. "En invierno, que es cuando más se consumen golosinas, preparo unas 100 bolsitas por día. Las hago a la mañana temprano, antes de abrir el negocio, y a la siesta", aseguró, a la vez que recordó: "Toda mi vida hice caramelos. Cuando era muy chico no realizaba todo el proceso porque es peligroso, ya que se cocina a altas temperaturas, pero cuando fui creciendo fui sumando más pasos. Hoy ya le enseñé a mis hijos, que tienen 12 y 14 años. Por ahora ellos estudian, pero ya conocen la receta".

 

Delicias de la vida

En las góndolas del negocio de productos regionales que abrió en 2009 para poder exponer su producción, están acomodadas las cuatro variedades de caramelos de miel artesanal que hace Mariano: "La base siempre es miel, pero tenemos otras variedades, con menta, eucaliptus o frutales", contó el heredero de la receta.

Según confió, se comercializan no solo en su ciudad, sino también en las aldeas de los alrededores y en distintas localidades de la provincia adonde llegan de la mano de vendedores que ya tienen una clientela adepta a su gusto tradicional tan particular.

Incluso, aseguran muchos diamantinos que los conocen, que los caramelos Rau han viajado hacia diversos países del mundo, como Bolivia, México, Alemania, Italia, España, entre tantos otros, y hasta a Japón llegaron como obsequio que llevó algún degustador ocasional que se rindió ante tal exquisitez.

Su sabor es intenso y cautiva. Tanto, que hasta Víctor Acosta, músico y poeta diamantino, les dedicó a los dulces que hace la familia Rau desde hace más de 100 años un poema en su libro Reflejos de un Diamante, al que tituló Sabores de mi pueblo: "Es un antiguo secreto/ una herencia familiar/ corazón de golosina/ tradición artesanal", dice algún fragmento, y en otro expresa: "Si vas para Diamante/ yo escuché a un emocionau/ te encargo no te me olvides/ traé caramelos Rau".

Con sello familiar

Con orgullo, Mariano contó que su papá Dante, aunque ya se haya jubilado y tenga 76 años, lo sigue acompañando en este emprendimiento. "Se ceba unos mates y compartimos charlas a la mañana bien temprano. Es una forma de distraerse y hacer algo de lo que hizo toda la vida. Fue él el que me enseñó todo esto", dijo, agradecido el joven empresario.

 

Al resto del tiempo Dante se lo dedica a su esposa, a la que conoció cuando ambos tenían 16 y jamás se separaron. A la par lucharon y edificaron su porvenir sobre sólidos cimientos de amor y compromiso.

 

Llevan 60 años juntos y en la actualidad ella padece una triste enfermedad neurológica que le provocó una disfunción cognitiva y le afectó la memoria. No camina, no habla, no recuerda, y es su compañero de vida quien la cuida y acompaña de manera incondicional, con el cariño y la compresión que solo alguien con un corazón enorme es capaz de prodigar.

 

"Hasta el último latido" es la canción que los integrantes del consagrado grupo folclórico Las Voces de Montiel compusieron, inspirados en su historia. Cuando la escucha, Dante llora, emocionado.

 

"Siempre fuimos muy unidos, y se refleja en nuestros hijos, que criamos con amor. Hasta el último latido seguiré siendo tu amigo, tu pareja y tu sostén. Sé que tú harías lo mismo si el destino se invirtiese, porque te conozco bien", reza el estribillo, y es imposible no conmoverse ante un sentimiento tan puro, genuino y noble.



Fuente:  13 de noviembre de 2017 (UNO/Derf)








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